Su dedo trazaba lineas en el empañado cristal, apoyaba su frente en la pared, perdida en sus pensamientos. Valoraba sus principios, sus ideas y veia, sorprendida, que alugnos habían variado o perdido la fuerza de antaño. Se volvieron flexibles y es que, al tener a su alrededor gente que les otorgaba tan poca importancia acabó por cuestionarse su propia forma de ver las cosas.Quizá le daba demasiada importancia a cosas que hoy día nadie le da. Quería llegar a un punto, a una situación pero para hacerlo debía regalar, entregar algo muy especial para ella. Tenía miedo. Gran parte de ella creía que algo de su miedo era el de sufrir mas incluso que el de desprenderse de ese objeto preciado. Por otro lado, los años habían conseguido minar su autoestima, años y años aguantando burlas e insultos la dejaron con una inseguridad que hundía su persona. Y pese a que esos años pasaron y que aquellos motivos que pudieran tener esas personas volaran, ella seguía teniendo miedo de la burla y el rechazo. El hecho de que alguien se fijara en ella era algo que no dejaba de asombrarla y asustarla. Quizás por eso nunca daba el paso...
En el cristal de la ventana se leía: ¿Qué hago?

4 comentarios:
Haber sufrido la burla y el desprecio durante tanto tiempo deja huella. Puede que ahora las cosas sean distintas, que los acosadores ni se acuerden de lo que hicieron, que te vean y te saluden con sinceridad, pero queda el miedo al resurgir del rechazo, la burla y la humillación. Lo bueno es que todo ello sólo esta dentro de uno mismo. Es el personal regreso a Ítaca de cada uno.
"Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas". Cavafis.
Lo complicado es superarlo, precisamente por estar dentro de uno mismo es muy difícil para aquel que lo tiene hacerlo un lado.
No es fácil, como la mayoría de las cosas que merecen la pena, pero andando se hace el camino, ¿no?
Eso dicen, pero no siempre se ve tan claro.
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